Por Gonzalo Caballé, responsable de Innovación del área de industria y construcción con madera de Cesefor
Cuando hablamos de madera estructural en España, casi siempre pensamos en las mismas especies: pino radiata, pino silvestre, pino marítimo, abeto, algo de haya importada. Pero este país tiene una diversidad forestal enorme que la industria apenas mira. Rebollo, haya autóctona, pino negral o pino carrasco son especies que ocupan cientos de miles de hectáreas de nuestro territorio y que, sin embargo, casi nunca llegan a un edificio. Llevamos varios años trabajando para cambiar eso, y quiero compartir por qué creemos que merece la pena y qué hemos aprendido en el camino.
Empezar por lo básico: ¿aguanta esta madera?
Cuando propones usar una especie “nueva” en construcción, la primera pregunta que te hace cualquier arquitecto o ingeniero es muy simple: ¿qué clase resistente tiene? Y si no hay respuesta, ahí se acaba la conversación. Por eso, antes de hablar de mercado o de sostenibilidad, tenemos que hablar de laboratorio.
Con el rebollo, por ejemplo, hemos ensayado más de 200 piezas para poder proponer una primera clase resistente y un método de clasificación visual conforme al Código Técnico de la Edificación y al Eurocódigo 5. Con el haya, hemos ido un paso más lejos: ya existe una clasificación visual estructural operativa, que alcanza la clase D35 y que cualquier aserradero puede implantar hoy mismo sin coste. Y en este momento estamos trabajando en sistemas de clasificación mecánica estructural para pino negral. Son datos que hasta hace poco, sencillamente, no existían. Y sin ellos, ninguna especie tiene sitio en una obra.

La ciencia también cuenta una historia
Hay un dato del que estamos especialmente satisfechos: en colaboración con el ICIFOR-INIA-CSIC, hemos comprobado que la durabilidad natural del rebollo supera a la del roble francés, el castaño y el haya frente a hongos e insectos. Lo hemos publicado en la revista Forests, con metodología normalizada, porque queríamos que ese dato tuviera el respaldo científico necesario para confianza de los prescriptores.
Esto no es un capricho técnico. Cada dato de este tipo es una barrera menos entre una especie infrautilizada y su uso real en el sector. Y cuantas menos barreras, más fácil es que una empresa se anime a invertir en transformarla.
De la probeta al producto
Los datos de laboratorio solo importan si llegan a convertirse en algo que se pueda tocar. Por eso trabajamos codo con codo con la industria: con Gámiz y García Varona en perfiles laminados y suelos de rebollo y con Egoin en madera laminada encolada y paneles CLT de haya. Ver esos primeros prototipos saliendo del taller es, para nosotros, la prueba de que el modelo funciona.
Y no nos quedamos en un solo producto. Con el rebollo hemos trabajado el aprovechamiento en cascada: la madera de mejor calidad va a tarima, perfiles o duelas, y la que antes se destinaba solamente a leña ahora sabemos que se puede transformar en tablero aglomerado. Es una forma de que cada tronco dé el máximo valor posible, y de que el carbono que ha fijado el árbol se quede retenido mucho más tiempo del que duraría en una chimenea.

Lo que viene: los pinos que quedan por descubrir
Con el recién iniciado Grupo Operativo HQH damos el salto al pino carrasco (Pinus halepensis), una de las especies más extendidas del país y hasta ahora relegada a usos de bajo valor añadido como la biomasa o el embalaje. El reto es el mismo que ya hemos recorrido con haya y rebollo: conseguir su primera clasificación estructural mecánica y visual, y demostrar que puede competir en construcción. Esta vez incorporamos además herramientas como el LiDAR, la teledetección y la inteligencia artificial para identificar, sobre el terreno, qué masas forestales tienen capacidad para producir madera de calidad.
En paralelo avanzamos con otra especie muy presente en el monte español y, sin embargo, igual de infravalorada: el pino negral (Pinus pinaster). A través del proyecto europeo Horizon OptiforValue trabajamos ya en el desarrollo de producto tecnológico -CLT, viga laminada encolada y KVH- junto con el sistema de clasificación mecánica estructural que permitirá incorporar esta especie, hoy destinada sobre todo a biomasa, palés o tableros, al sector de la construcción con todas las garantías.

Una idea que se repite
Rebollo, haya, pino carrasco. También la evaluación de montes como Mosqueruela Biofor, o los servicios de clasificación mecánica y optimización de secado que prestamos de forma recurrente a empresas del sector. Proyectos y encargos muy distintos entre sí, pero con una misma idea de fondo: la innovación solo tiene sentido si llega a transformarse en algo tangible para la industria. Un producto, un proceso, una herramienta que una empresa pueda utilizar desde el primer día.
Por eso, cuando hablamos de la línea de innovación del área de industria y construcción con madera de Cesefor, nos gusta describirla con una frase que resume bien lo que intentamos hacer: una innovación con vocación de transferencia. La investigación es solo el primer paso de una cadena que tiene que terminar en el taller, en la fábrica y, sobre todo, en el mercado.