Aragón puede convertir la emergencia forestal en una estrategia que una gestión, industria,
vivienda e innovación

Por Jorge López Conde.
Vivimos pendientes del fuego. Me levanto y lo primero que hago es ver el estado de los incendios. Hace unas semanas seguíamos las Cinco Villas, la Peña Montañesa y San Victorián; después, la Basa de la Mora. Hoy, San Juan de la Peña. Lugares fundamentales en la historia de Aragón. También hemos visto peligrar El Escorial o Burdeos.
Ya no es un fuego lejano. Tenemos grabadas evacuaciones masivas, pueblos vacíos, agricultores arando contrarreloj y mensajes de amigos que están en peligro o lo han perdido todo. El fuego ha entrado en nuestra vida: amenaza desde una barbacoa o una excursión hasta nuestras casas, nuestros pueblos y nuestro patrimonio.
Y ha cambiado la escala. Además de normalizar pyrocumulonimbos o incendios que superan la capacidad de extinción y baten récords, julio fue en Aragón 3,8 ºC más cálido de lo habitual y recibió apenas el 10% de la precipitación normal. A 2 de agosto, MITECO contabilizaba quemadas casi dos veces y media la media de la década.
Cada año escribo sobre lo mismo y, por desgracia, cada año nos toca más cerca. Primero relacioné incendios, despoblación y pérdida de industria; en Pinos y penas propuse recuperar nodos de transformación; en La casa aragonesa del futuro, que monte, construcción y vivienda funcionaran como una sola cadena. Hoy toca unir las piezas.
A un problema ecosistémico y multiescalar hay que responder haciendo funcionar toda la cadena de valor: conocer y planificar el territorio; gestionar el monte con agricultura, ganadería y selvicultura; aprovechar y transformar la madera; convertirla en productos de alto valor añadido, edificios y vivienda; y generar demanda, innovación y nuevos mercados.

Primero, el monte. Aragón tiene el 57% del territorio, pero solo el 11,4% está ordenado, frente al 27,8% español y el 59,4% navarro. La certificación PEFC alcanza el 9,5% de nuestra superficie arbolada; Navarra llega al 74,8%. Hay que decidir dónde conservar, recuperar pastoreo, aplicar selvicultura y producir madera sostenible.
Segundo, transformar en origen. Nuestros bosques crecen 2,9 millones de m³ al año, pero en 2024 solo aprovechamos 228.385 m³, el 8%. Llegar a un prudente 20% supondría 580.000 m³: 350.000 más que hoy y 2,5 veces la actividad actual. Para entender la escala, una planta como Treehood (Andorra-Teruel) puede producir 40.000 m³ anuales de CLT y laminada y necesita aproximadamente tres veces ese volumen en tronco: esos 580.000 m³ podrían alimentar el equivalente a casi cinco plantas de esa dimensión o, si toda la madera tecnológica resultante se destinara a vivienda, del orden de 7.000–9.000 viviendas al año. Ahí está la política industrial: decidir cuánto bosque convertimos en construcción, mueble, tableros, papel o biomasa, dónde lo transformamos y cuánto empleo y valor dejamos en cada territorio.

Tercero, crear demanda. Galicia ha fijado madera estructural en el 20% de sus nuevas edificaciones públicas; aplicado a las 4.000 viviendas previstas en Aragón serían 800. Madrid ha pasado en tres años de no tener vivienda pública construida en madera a un demostrador de 52 viviendas y más de 750 viviendas industrializadas en ejecución. Microsoft utiliza estructuras de madera en sus centros de datos en Virginia. ¿Por qué no convertir vivienda, escuelas, centros de salud y campus tecnológicos en proyectos tractores que conecten bosque, industria y arquitectura?
Y cuarto, innovar haciendo. Acabamos de recibir la concesión de dos proyectos con agentes locales por parte del MITECO donde, con CESEFOR, hemos planteado: Bosques protectores y productivos activan vida e innovación en el Alto Aragón y Sierra de Albarracín–Bioeconomía Viva. El primero conecta planificación, certificación, empresas y biomateriales; el segundo trabajará sobre 50.000 hectáreas uniendo monte, industria, formación y un Hub Forestal. Ahora toca ejecutarlos, medir y escalar.

Puede ser el inicio de una Misión Aragón Bosque–Madera–Construcción 2050: una estrategia transversal que conecte monte, industria, construcción y vivienda, innovación y territorio. Puede mapear recursos y empresas, comparar políticas nacionales y europeas, fijar objetivos y construir una cartera de proyectos y financiación. Después, una Oficina Aragón Bosque–Madera, vinculada a Presidencia y liderada desde Economía e Industria, que coordine Medio Ambiente, Vivienda, Cohesión Territorial y Agricultura con IAF y clústeres, convirtiendo la estrategia en proyectos tractores, inversión y fondos europeos.
Aragón ya sabe coordinar suelo, energía e inversión para proyectos estratégicos. Puede aplicar esa misma ambición al bosque: gestionar mejor, transformar en origen y convertirlo en industria, vivienda y futuro certificado. Que, en vez de rezar cada verano para que el fuego no alcance San Victorián o San Juan de la Peña, podamos ver bosques ordenados y gestionados de forma sostenible, empresas transformando el recurso en origen y personas trabajando, construyendo y viviendo allí, en viviendas hechas con su propia madera.