Durante mucho tiempo, la madera de rebollo (Quercus pyrenaica) apenas se ha usado en construcción. Sus tensiones de crecimiento y su tendencia a agrietarse durante el secado la habían relegado a la leña, a pesar de ser una madera densa y resistente. La línea de innovación del área de industria y construcción con madera de Cesefor ha constado el potencial del rebollo en el marco de proyecto europeo LIFE+REB.
En laboratorio se han ensayado más de 200 piezas de madera aserrada de rebollo, midiendo su resistencia a la flexión, su rigidez y su densidad. A partir de esos ensayos se ha propuesto una primera clase resistente para la especie y se ha desarrollado un método de clasificación visual conforme al Código Técnico de la Edificación y al Eurocódigo 5, el respaldo normativo que hasta ahora le faltaba para usarse como elemento de carga en un edificio.

A esto se suma un segundo dato clave: su durabilidad. En colaboración con el Instituto de Ciencias Forestales (ICIFOR-INIA-CSIC), los ensayos según la norma EN-350 muestran que el rebollo supera en resistencia a hongos y termitas, al roble francés, al castaño y al haya, tres de las frondosas más empleadas en el sector. El hallazgo se ha publicado en la revista científica Forests.
Con estos datos en la mano, el proyecto ya ha llevado la madera a producto real: perfiles laminados, lamas para suelos o vigas laminadas y KVH estructural . La clave está en el aprovechamiento en cascada, que da a cada pieza su mejor destino según su calidad, con rendimientos de hasta el 80% en tarima y perfiles.
El resultado es una madera autóctona, de cercanía y baja huella de carbono, que gana ya seguridad técnica y jurídica para sumarse a otras especies en estructuras y mobiliario, mientras mantiene el carbono retenido durante toda la vida del producto. Un avance más de la línea de innovación del área de industria y construcción con madera de Cesefor en su trabajo por revalorizar las especies forestales españolas infrautilizadas.
