En el Parque Municipal de Guabiruba, una pequeña ciudad del Valle del Itajaí en el de Santa Catarina (Brasil), se está ejecutando un proyecto poco habitual en la actualidad. Vigas de madera noble de hasta 300 kilos se encajan unas con otras con precisión milimétrica, formando una estructura que crece sin hormigón, sin metal, sin elementos de fijación de ningún tipo. Es la mayor construcción en técnica enxaimel —el tradicional entramado de madera de origen germánico— levantada en Brasil en lo que va de siglo.
Una técnica con siglos de historia

El enxaimel es una forma de construir que nació en la Europa medieval. Su principio es tan elegante como exigente: cada pieza de madera se corta con rebajes y encajes que encajan perfectamente con las piezas contiguas, creando una trama rígida capaz de sostener paredes, forjados y cubiertas sin necesitar un solo clavo. La estructura se aguanta a sí misma, como lo ha hecho durante siglos en las casas de Alemania, Austria y Alsacia que aún hoy siguen en pie.
Los colonizadores alemanes que llegaron al sur de Brasil en el siglo XIX trajeron consigo esta tradición, y durante décadas el enxaimel definió la fisonomía de ciudades como Blumenau, Pomerode o la propia Guabiruba. Pero con el tiempo, el hormigón armado y la mampostería fueron desplazando este saber hacer hasta dejarlo en manos de muy pocos maestros artesanos.
El hombre detrás del rompecabezas
Uno de esos pocos es Paulo Volles, carpintero de Blumenau con casi dos décadas dedicadas al enxaimel. Él es el autor del proyecto de Guabiruba, y su método de trabajo dice mucho sobre la naturaleza de esta técnica: antes de que llegara la primera viga al parque, Volles y su equipo pasaron cuatro meses en el taller cortando, ajustando y ensamblando en seco cada una de las piezas. Una vez comprobado que todo encajaba a la perfección, la estructura fue desmontada, numerada meticulosamente y transportada hasta el lugar definitivo, donde ahora se rearma como un rompecabezas tridimensional de madera noble.
Las especies elegidas —cambará, massaranduba, catuaba e itaúba— no son casuales. Son maderas brasileñas de alta densidad, resistentes a la intemperie y a los insectos, capaces de durar décadas sin tratamientos agresivos. Una combinación de tradición europea y materia prima americana que da lugar a algo genuinamente nuevo.
Más que un edificio
Cuando la obra esté terminada, a finales de este año, albergará la sede de la Sociedad del Pelznickel, la entidad que preserva la figura del Papá Noel del Bosque, una tradición navideña de raíz germánica muy arraigada en la región. La elección del enxaimel para este proyecto no es solo estética: es un gesto cultural, una declaración de que ciertas formas de hacer las cosas merecen seguir vivas.
Y en eso reside quizá lo más valioso de todo este proyecto. No es solo una construcción singular —aunque lo es, con sus 270 metros cuadrados, sus dos plantas y sus vigas que ninguna grúa mueve—. Es la demostración de que una técnica con siglos de historia puede encontrar su lugar en el presente cuando hay alguien dispuesto a aprenderla, a transmitirla y a llevarla hasta sus límites.
La madera, bien trabajada, no necesita nada más que a sí misma.
Fuente: NSC Total / CPG Click Petróleo y Gas
