Con la llegada del invierno, nuestros bosques encuentran un período de alivio. Las temperaturas descienden, la humedad aumenta y las lluvias regresan, creando un contexto ideal para realizar labores esenciales de prevención frente a los incendios forestales. Aunque estos fenómenos están fuertemente condicionados por factores climáticos, existe otro elemento determinante: la ausencia de gestión forestal sostenible. La falta de intervención provoca que los montes se saturen de vegetación seca y restos combustibles, aumentando notablemente la superficie que puede arder. Por eso, actuar durante el invierno es clave para evitar desastres durante el verano.
Sin embargo, este trabajo no debe limitarse a la limpieza del monte. La prevención pasa por integrar estrategias más amplias que garanticen la salud de los bosques, su uso sostenible y su aprovechamiento económico. En este contexto, aparece una herramienta poderosa: la construcción con madera, una práctica que puede reducir la cantidad de masa forestal abandonada, mejorar el estado de los bosques y disminuir su vulnerabilidad frente al fuego.
Gestión forestal sostenible: la base de la prevención
La gestión forestal sostenible reúne un conjunto de intervenciones destinadas a mantener el equilibrio ecológico de los bosques y prevenir situaciones de riesgo. El invierno es el mejor momento para ejecutarlas, ya que las condiciones ambientales reducen la posibilidad de propagación del fuego.
Entre las actuaciones más relevantes destacan:
- Tareas sanitarias, que incluyen tratamientos en áreas afectadas por plagas, sequías, nevadas o vendavales, así como repoblaciones en zonas dañadas. También se realiza la eliminación de especies invasoras que compiten con la vegetación autóctona.
- Actuaciones ambientales, orientadas a restaurar hábitats protegidos, márgenes de ríos y espacios naturales singulares. Estas labores favorecen la biodiversidad y mantienen ecosistemas esenciales.
- Conservación del patrimonio cultural asociado al monte, desde construcción y mantenimiento de senderos o miradores hasta la protección de puentes, fuentes o construcciones históricas, lo que promueve el uso público responsable.
- Repoblaciones con especies autóctonas de ciclo largo, que aseguran el relevo generacional de los árboles y fortalecen la resiliencia del bosque.
- Prevención directa de incendios, mediante podas, desbroces, construcción de cortafuegos, gestión de la biomasa y mejora de accesos.
- Mejoras silvícolas, como aclareos o cortas de mejora, que favorecen el crecimiento de los ejemplares más sanos y equilibran la estructura del bosque.
Estas acciones reducen la acumulación de combustible vegetal, mejoran la salud del ecosistema y limitan la expansión de posibles incendios. Sin embargo, una gran parte de los bosques españoles —alrededor del 67%— son de propiedad privada y muchos se encuentran abandonados por su escasa rentabilidad, lo que obstaculiza una gestión adecuada. Aquí es donde la utilización sostenible de la madera cobra especial relevancia.
La construcción con madera como motor de gestión
Fomentar el uso de madera en construcción crea demanda de materia prima certificada, capaz de convertir la gestión forestal en una actividad económica viable. De esta forma, los bosques dejan de ser terrenos abandonados y pasan a ser recursos valiosos cuya gestión, mantenimiento y restauración resultan rentables para propietarios y comunidades.
Esto genera varios beneficios:
- Se reduce la acumulación de biomasa combustible, porque parte de los árboles maduros se aprovechan antes de morir o decaer.
- Se incentiva la plantación de nuevos árboles, ya que los bosques gestionados bajo certificación sostenible garantizan que cada ejemplar talado sea reemplazado.
- Se revitalizan las economías rurales, fortaleciendo el vínculo entre las comunidades y el territorio.
- Se mantienen activos los servicios forestales esenciales, como caminos, cortafuegos e infraestructuras, fundamentales para la prevención y extinción de incendios.
En consecuencia, el uso de madera no solo permite construir edificios sostenibles, sino que favorece el cuidado de los bosques y evita su abandono, lo que constituye una de las claves para reducir la superficie quemada cada año.
El ciclo de vida del árbol y la captura de carbono
Durante su crecimiento, los árboles capturan carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis, almacenándolo en su tronco y ramas. Sin embargo, esta capacidad disminuye cuando alcanzan su madurez. En el caso del eucalipto, este proceso ocurre entre los 12 y 18 años; en muchas coníferas, entre los 30 y 50. Después, la tasa de fijación se ralentiza y puede volverse negativa, sobre todo si el árbol comienza a degradarse.
La gestión forestal sostenible permite retirar estos árboles maduros para destinarlos a usos de larga vida —como la construcción—, mientras se plantan nuevos ejemplares capaces de captar CO₂ de forma más eficiente. De esta forma, el bosque continúa funcionando como un sumidero de carbono activo.
Pero los beneficios no acaban ahí: cuando la madera se usa en edificación, el CO₂ queda retenido durante décadas. Además, sustituir materiales intensivos en energía, como el hormigón o el acero, genera un ahorro significativo de emisiones. Se estima que 1 m³ de madera es capaz de reducir hasta 1,75 toneladas de CO₂:
- 1 tonelada corresponde al carbono que absorbió el árbol durante su vida;
- 0,75 toneladas son las emisiones evitadas al utilizar madera en lugar de otros materiales.
A nivel global, cada persona genera alrededor de 6,6 toneladas de CO₂ al año, de las cuales cerca del 30% está asociada al sector de la construcción. Apostar por la madera podría rebajar esta huella a aproximadamente 4,5 toneladas por persona, ayudando significativamente en la lucha contra el cambio climático.
Reactivación territorial y reducción del riesgo
La construcción con madera no solo tiene un impacto ambiental positivo, sino también territorial. Al convertir los bosques en recursos económicos sostenibles, se favorece su cuidado continuo. Esto evita su degradación y la proliferación de zonas densas y abandonadas, más propensas a incendios. A su vez, la gestión forestal fomenta la biodiversidad, garantiza el mantenimiento de infraestructuras esenciales y refuerza la resiliencia del paisaje frente a eventos extremos.
Un bosque gestionado presenta:
- Menor carga de combustible
- Mayor diversidad de especies
- Mejores accesos
- Mayor capacidad de respuesta ante incendios
Todo ello contribuye a reducir la superficie potencialmente afectada por el fuego.
Conclusión: construir para proteger
La prevención de incendios no depende solo de la meteorología; requiere una gestión activa y sostenida del territorio. Apostar por la madera en construcción es, en realidad, una apuesta por la salud de nuestros bosques. Su uso estimula la gestión forestal sostenible, evita el abandono del monte, reduce la acumulación de biomasa, favorece la regeneración del bosque, captura carbono y contribuye a mitigar el cambio climático.
Construir con madera es construir futuro:
un futuro con menos incendios, más bosques sanos y comunidades rurales vivas.
Referencias bibliográficas
Intervención de Ursula von der Leyen, a partir del minuto 30.05. EU von der Leyen’s first State of the Union speech (in full) at European Parliament in Brussels.
PEFC España. Creciendo en responsabilidad. Qué es PEFC y para qué sirve.
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Extremadura: Territorio y Bioeconomía. Estrategias de Marketing y Venta Verde de productos sostenibles. 2018. PROYECTO MOSAICO. Prevención de incendios y emprendimiento social.
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https://www.theguardian.com/cities/2019/feb/25/concrete-the-most-destructive-material-on-earth
https://www.elperiodico.com/es/medio-ambiente/20171030/record-co2-atmosfera-terrestre-omm-6389832
UNECE & FAO (2020) State of Europe’s Forest 2020. Forest Europe growing life.
Construir con madera: una estrategia para reducir los incendios forestales y proteger